Conocer el desarrollo del comportamiento del perro es un tema muy importante que se ha tocado en diferentes artículos publicados en Animales de Compañía, haciendo énfasis en el primer año de vida.

¿Por qué esta edad? Porque es cuando se define de manera casi definitiva lo que será la conducta y rasgos distintivos de su comportamiento. 

En esta primera parte hablaremos de las etapas críticas del desarrollo del cachorro, su madurez sexual y su primer año de vida. En el siguiente número trataremos sobre el período adulto, la etapa de madurez y senectud (vejez). 

 

Nacimiento 

Después de unos 63 días de gestación ocurre el evento que siempre maravilla a todos: el nacimiento, el inicio de una nueva vida. Dependiendo de la raza, una perra sana puede tener camadas desde un cachorro hasta 12 o más. 

Los cachorros nacen ciegos y prácticamente sordos al tener cerrados sus ojos y canales auditivos, sin embargo, tienen el impulso de moverse para mamar el calostro (importantísimo componente para desencadenar la transferencia de defensas de la madre contra enfermedades) y después la leche de su madre. Pueden emitir chillidos y vocalizaciones, el calor del cuerpo de su madre y hermanos los guían; desde este momento comienza la interacción social, se compite por la teta con más leche y más accesible. No nacen del mismo tamaño y peso; los más grandes en este momento son los que tendrán acceso a las tetas más cargadas de leche. 

Comienza el estímulo ambiental. La madre los lamerá constantemente para estimular la circulación de su sangre, generar calor y estimular las evacuaciones (heces y orina). 

 

Dos a cuatro semanas de vida 

(periodo de transición) 

 

Alrededor de la segunda semana abrirán los ojos y oídos, se abre un nuevo mundo de estímulos (imágenes, sonidos y olores). Si bien tanto su visión como capacidad auditiva aún no están maduras, la cantidad de nueva información despierta un despliegue de conductas muy importantes e interesantes. Algunos se pararán en sus cuatro patas y comenzarán a jugar. Pasan mucho tiempo dormidos, la energía se invierte en crecer y desarrollar conexiones cerebrales que los hace interactuar con el medio ambiente. En la tercera semana ya no necesitan el estímulo materno para orinar y defecar, sin embargo, el control total y voluntario de esfínteres se puede extender varias semanas más. 

El juego, quizás el pilar más importante para la interacción social y aprendizaje, comienza a mostrarse. Comienzan a mover su cola, su olfato identifica a sus hermanos y madre; comienzan a asociar de manera muy básica y simple estímulos exteriores con acciones y eventos posteriores (impronta), por esta razón las vocalizaciones (ladridos y gruñidos) se hacen más intensas, buscan ya una respuesta concreta, atención, comida, calor; comienza un intercambio de señales entre hermanos y la madre. Se debe tener contacto con ellos: la socialización ha comenzado. 

 

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Cinco a 10 semanas de vida 

Sus movimientos ya no son tan torpes, juegan de manera más intensa, mostrando preferencias (hermanos, ubicar su sitio favorito). Los sistemas sensoriales están maduros, se preparan para seguir aprendiendo e interactuar de manera activa con su medio. Es una etapa crítica donde la madre es el modulador más importante de sus impulsos (por ejemplo, es quien inhibe la mordida, gruñe y reprende cuando la lastiman); entre hermanos suspenden el juego si alguno se excede: la gran capacidad de asociación entre acciones y respuestas les enseñan a medir la fuerza, intensidad y frecuencia de sus acciones. 

A la sexta semana estarán destetados y la interacción entre ellos, su madre y las personas de su entorno darán las habilidades sociales y de comunicación que regirán el resto de su vida, incluyendo la interpretación de señales corporales, vocalizaciones y actitudes. 

Entre la octava y décima semana es buen momento para comenzar a educar con rutinas como la de alimentación, aumentar el contacto con personas, ambientes diferentes (seguros y controlados), reprimirlos verbalmente o dejar de jugar cuando hacen algo que no queremos que aprendan o se les haga costumbre (como morder). 

Es común que en este periodo algunos se vean separados de su familia. El nuevo dueño será responsable de dar continuidad a su educación, de dar paseos en ambientes nuevos, siendo muy importante procurar que la experiencia sea agradable, y aprovechando su gran capacidad de asociación, enseñarle con acciones y respuestas inmediatas, premiar con caricias y brindar atención en el momento justo en el que haga algo deseable será la manera más rápida de educar, de la misma forma reprimir (sin castigar de manera física) con voz firme (¡NO!) o dejando de prestar atención. 

 

Período juvenil: 12-24 semanas 

Su fuerza y capacidad física aumenta; si es de raza grande agradeceremos el haberle dado un ambiente sano, rico en estímulos y comenzando su educación de manera temprana. Buscará más atención y contacto con las personas; su talla y peso complicarán o facilitarán la tarea, pero estaremos a tiempo de trabajar en su educación, ya que falta mucho para que alcance su tamaño definitivo. 

Antes de entrar al período de madurez sexual juega mucho, a veces los juegos se tornarán más agresivos y ocasionalmente derivan en peleas breves pero intensas: de manera natural se busca determinar la posición social dentro de un grupo. La intervención humana es importante, aunque normalmente dejan de pelear por sí solos; la importancia de una etapa de socialización sana juega un rol definitivo: un

perro bien socializado entenderá las señales de parada y aplicará las reglas sociales aprendidas en etapas previas. 

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De la etapa juvenil a la etapa adulta 

Entrando a las 24 semanas de vida cambiará su forma de interactuar, se despierta su libido y atracción sexual, la necesidad de marcar territorio (principalmente a través de la orina; algunas hembras incluso levantarán la pata); los integrantes y recursos de su grupo se hacen prioritarios. 

El despertar sexual conlleva la necesidad de mostrar poderío físico, por lo que el retar a los congéneres será frecuente; a veces el despliegue físico será suficiente para intimidar al otro, otras veces requerirá someter al adversario, la realidad es que durante esta edad normalmente no saben qué hacer y serán ellos los sometidos; como todo en la vida requerirá tiempo para que empate la madurez sexual con la psicológica que conlleva el privilegio de poder reproducirse (evidentemente hablamos de un proceso natural). 

La intervención humana hace que este proceso no se lleve a cabo de esa forma, pero es muy importante aclarar que ni machos ni hembras tienen la madurez ni física ni psicológica para reproducirse, nos referimos a la “adolescencia canina”. La madurez sexual tarda, a veces, más de 18 meses, lo cual es frecuente en razas muy grandes. 

Las habilidades sociales se siguen definiendo, el rol de las personas en su educación es vital para su sana inserción en la sociedad humana (familia, rutinas de paseo, alimentación, entrenamiento) que deberán de estar definidas. El perro tendrá toda la disposición para aprender, socialmente ya sabrá comportarse con sus congéneres, después de los 24 meses de edad tendrá sus capacidades físicas al máximo, por lo que un adulto bien educado y entrenado no será un problema para pasear, convivir con personas y animales que no conozca: es socialmente sano si atravesó adecuadamente las etapas críticas de desarrollo mencionadas. 

De ocurrir lo contrario, comenzarán a mostrar desviaciones de lo que consideraríamos un comportamiento normal. Como en todo, no hay proceso perfecto; dentro de lo normal, hay perros que se atrasaron en algunos puntos que forman parte de su desarrollo, incluyendo las habilidades sociales, por lo que viven algunos conflictos durante su etapa adulta que comúnmente se resuelven y “calibran” para seguir adelante; por tanto, la calidad y tiempo de socialización es lo que en gran medida hace más complicado o fácil resolver esos conflictos de manera individual o se convertirá en un problema crónico que incluso requiera intervención profesional. 

 

La socialización del perro adulto 

Si bien la etapa crítica de socialización se lleva a cabo durante etapas muy tempranas de la vida de los perros, es un proceso dinámico que continúa y se consolida toda su vida; los perros llevan un proceso de socialización híbrida: nacen en un nicho canino, pero su familia y grupo social se conforma por individuos de diferentes especies, humanos, gatos e incluso otros animales. 

La exposición temprana a éstos facilitará su adaptación y aprendizaje para coexistir, porque la relación con el ser humano lo ha preparado para facilitar este proceso. Sin embargo, cada vez es más común ver perros con problemas de socialización grave, ya que se han convertido más en un objeto que en un compañero y miembro de la familia. 

En la siguiente parte se tocará el proceso de socialización del perro adulto, sus desviaciones y problemas más comunes, así como al perro anciano, su comportamiento y necesidades ambientales. 

 

Continuará… 

 

 

MVZ Eduardo Molin a Becker 

Máster en Etología Clínica y Bienestar Animal 

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